La propuesta de reglamento no debería apuntar hacia un solo tipo de académico, puesto que en una institución compleja como la Universidad de Chile existen realidades que no pueden ser vistas desde un solo ángulo. La mayor riqueza a la que podamos aspirar es a tener altos niveles de calidad y desempeño en todas las funciones que hemos definido como fundamentales.
La carrera académica además de ser atractiva, gratificante y asegurar el apoyo y la exigencia adecuada, debe estar enmarcada en un plan de desarrollo institucional y por tanto asegurar que nuestra universidad vaya esa dirección. Un objetivo primordial que actualmente es descuidado es el desarrollo de la docencia. La universidad es hegemónica en investigación a nivel nacional pero cada día pierde terreno en la calidad de su formación. La carrera académica no puede no apuntar hacia esta línea de desarrollo.
La universidad debería cuidarse de ser solo una plataforma para el beneficio y desarrollo persona de los académicos y procurar constituirse en un cuerpo orientado hacia un crecimiento común. Con la actual carrera y la propuesta vigente, pareciera asegurarse de mejor manera que cada académico puede utilizar nuestra institución, valerse de sus herramientas, hacer uso de su nombre y completar su proyecto personal. En esa lógica el trabajo en equipo y la colaboración con el crecimiento integro de la institución no parecieran tener el carácter vinculante con la carrera académica, que si se protege para el éxito de los proyectos personales, donde los autores ganar renombre en primer lugar, y aumentan el prestigio de la universidad, indirectamente.
No existen políticas que fortalezcan el trabajo en equipo antes de las últimas jerarquías, en la parte del proceso donde la labor académica es más activa y donde son más eficientes los estímulos. En este orden de cosas, el trabajo colaborativo, que podría fortalecer la institución como cuerpo, se convierte en una exigencia incómoda y no en un elemento deseado, incentivado y premiado. El hecho de que en la actual carrera se llegue al detalle en lo individual y no se mencione o proponga ninguna estrategia para las unidades como conjunto, limita su posibilidad de desarrollo puesto que queda al margen de los incentivos y sin ser un elemento de ascenso y superación dentro de la carrera académica. Tal y como está plateado el reglamento actual se permite solamente la mirada individualista y no queda espacio para ninguna alternativa. La posibilidad de la existencia de un desarrollo centrado en la unidad académica y no solo en el individuo sería real con un reglamento más flexible que no solamente consagre los mecanismos para el desarrollo unipersonal de los académicos.
El ejercicio de todas y cada una de las funciones fundamentales de los académicos debería lograrse de manera profesional, buscando alcanzar altos estándares en cada una de ellas. La manera más eficiente de hacerlo sería dedicarle la mayor cantidad de horas y proteger el tiempo necesario para su desarrollo, elementos consagrados en el reglamento actual, (dada también la realidad en que se aplica), solamente para la investigación. Se puede ser profesional de la investigación y llegar a las más altas jerarquías con mínimas exigencias respecto a las otras funciones. Pero por otro lado, el reglamento no asegura que se pueda profesionalizar la docencia. No protege parte de las fuentes de que se nutre, ni da las condiciones para que se ejercite y desarrolle del mismo modo y con incentivos similares a la investigación. La investigación es incentivada y exigida con indicadores del más alto nivel, sin embargo el reglamento no logra ofrecer una posibilidad similar para la docencia.
La institución probablemente necesite de una carrera académica con varias modalidades, pero independiente del numero de estas el modelo ideal será aquel en el cual no existan diferentes categorías de académicos, sobre todo si realizan las funciones principales; sino que independiente del área que aspiren a desarrollar de manera prioritaria, sea esta docencia o investigación, puedan contar con igual estatus y consideración. Si existe una sola carrera aunque tenga menciones, estas deberán estar al mismo nivel, tener los mismos grados y similares consideraciones. De lo contrario deberá existir otra carrera con menor vinculación y pertenencia, pero una actividad fundamental como la docencia no puede quedar relegada a esta.
El tipo de académico que necesita la Universidad debe realizar las funciones fundamentales con altos niveles de calidad y profesionalismo. No solo en base a indicadores internacionales sino también en concordancia con las necesidades de la institución. Se necesitan grandes investigadores pero también grandes docentes. Hoy día la universidad no puede prescindir de ninguno de estos roles, y debe ofrecer oportunidades de desarrollo y formación en ambas áreas, así como también deben desarrollarse otras áreas que se han descuidado, como la gestión, la coordinación y la dirección de los programas y unidades académicas.
Se necesita una interconexión bidireccional entre investigación y docencia, la investigación debe compartirse y nutrir la docencia, pero también debe investigarse e innovarse en docencia, para lo cual no debe quedar una por debajo de la otra, sino que deben considerarse como actividades académicas de igual importancia. Actualmente se le exige al académico investigación de nivel internacional, ¿pero se le exige a alguien docencia de nivel internacional? Posiblemente no sea posible lograr las dos, pero no debe desmerecerse a un académico por realizar una de ellas de manera prioritaria. La prioridad en esta relación está dada por las necesidades de cada unidad académica, en algunas escuelas o departamentos podrá desarrollarse mas la investigación y en otros la docencia. Esto se logra con una visión de cuerpo, más que apostando a exigirlas en cada individuo. El reglamento actual, en los hechos, le otorga prioridad a la investigación, bajo el supuesto de que aseguraría calidad en la docencia.
La universidad no debe perder su rol formador de profesionales y debe reposicionarse como una institución de gran calidad de enseñanza. Debemos tener académicos que estén a la altura de este reto y el hecho de que realicen investigación de primera no lo asegura. La enseñanza de calidad exige de la existencia de una carrera docente, donde los académicos tengan las condiciones para profesionalizarse y desarrollarse en esta función. La docencia como obligación o exigencia, jamás tendrá un nivel similar que si se busca como profesión, se le exige superación y desarrollo y se evalúa de manera vinculante con la carrera académica.
Otro hecho importante es que la universidad debe lograr un óptimo desempeño de sus académicos en los cargos directivos. La mejor manera de lograrlo es estimulando a los académicos para que se desarrollen como tales a través de su desempeño en esta labor, sometiéndolos a una evaluación rigurosa que contemple sus logros y falencias en el cumplimiento de este rol. De esta forma no se busca castigarlos sino darle valor agregado y reconocimiento a sus logros en esta materia y cambiar el concepto de que se “daña la carrera académica” si se es directivo durante mucho tiempo. Dejar esta responsabilidad, solo en las dos ultimas jerarquías, no asegura la motivación, ni es garantía de capacidad (no llegaron a su jerarquía por demostrar ser buenos directivos sino por su desempeño en otras áreas) ni permitiría una evaluación rigurosa y vinculante. La mejor manera de lograr buen desempeño en un área académica es reconociéndola dentro de la carrera.
Es sabido que nuestra universidad no se destaca por la competitividad de sus sueldos, por lo que adquiere especial importancia la vinculación y pertenencia como valor agregado. Esto asegura motivación y compromiso, que a la vez son garantes del deseo de superación, la búsqueda del desarrollo profesional y el anhelo de progreso para la institución. La universidad necesita atraer y retener a académicos, que no vean en ella solo una oportunidad a utilizar mientras aparece un mejor postor, por tanto debe ofrecer posibilidades de desarrollo íntegro de quienes se vinculan a ella, sin externalizaciones o limitaciones que, buscando facilitar el acercamiento, terminen obstaculizando las posibilidades de los que quieren aportar y desarrollarse a la par que la institución.
Por ultimo sobre la proporción de académicos que quedan en planta versus contrata, e independiente del estatuto administrativo, debería llegarse a un estado en que los criterios según los cueles se pertenece a planta o contrata estén en función de las expectativas de los académicos y no solamente en función de su jerarquía. La inestabilidad y flexibilidad laboral no deberían utilizarse como presión para hacer cumplir plazos de permanencia. La calidad del cuerpo académico en el cumplimiento de sus roles se incentiva a través del reconocimiento institucional y su desarrollo dentro de la carrera académica, además de una remuneración justa y concordante con su aporte a la institución. Es fundamental reconocer todos los roles, actividades y funciones que son deseables para cumplir con el proyecto de desarrollo institucional y no solo aquellos privilegiados por el mercado.