lunes, 4 de enero de 2010

Todos se suman al cambio.

Siendo joven es relativamente fácil dejarse llevar por propuestas novedosas. Pareciera que nos es profundamente atractivo lo que se vea moderno y diferente, todos lo saben, y particularmente los expertos de la ingeniería electoral. Las campañas presidenciales se lo han tomado muy en serio y es común encontrarse con apelativos directos que nos tratan de convencer con una estética y una fraseología que se autodenomina la opción del cambio. 

No obstante debiéramos ser capaces de reconocer la publicidad engañosa y sobre todo en algo tan importante como una elección presidencial. La necesidad de cambio que existe en Chile es una cuestión ineludible, lo muestra el oxidado sistema político que hemos visto crujir frente a las recientes tensiones, lo dice un sistema educacional que se retuerce de iniquidades y fracasos. También la constitución con sus camisas de fuerza y todos los otros aspectos económicos, laborales y sociales que han venido acumulando malestar durante muchos años. Chile necesita un cambio pero hay que ver con cautela hacia donde específicamente debe ir dirigido.

Este país sufrió muchas transformaciones durante el gobierno militar, de la manera mas brutal y autoritaria, sin consultas, ni referéndums ni discusión en el parlamento. Se forzó la instalación de un sistema político y económico profundamente impopular. Tanto fue así que la sociedad se resistió y luchó hasta conseguir gritar con fuerza el histórico NO que lograra poner fin al periodo autoritario. Ahí hubo una gran promesa de cambio. Se articuló un gran movimiento político y social fecundo en ideas transformadoras y alimentado con la promesa de que un chile democrático sería distinto. Vemos que 20 años después hemos tenido avances, pero pese a ellos seguimos con la mayor parte de la promesa incumplida en medio de un proceso de transición inconcluso. Yo me pregunto si unirse al cambio sería profundizar y apurar la consecución de esta promesa o volver a conformarnos con un gobierno fundado en las mismas lógicas de hemos tratado con tanto esfuerzo de deshacer. 

Los que nos heredaron este sistema político y económico que tanto hemos tratado de cambiar hicieron arreglos con mucha astucia, dejaron unos fortísimos amarres con un objetivo explícito en las palabras del propio Jaime Guzmán, ideólogo de la constitución de Pinochet, "(...) ...resulta preferible contribuir a crear una realidad que reclame de todo el que gobierne una sujeción a las exigencias propias de ésta. Es decir, que si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría.... (...)" Efectivamente lo han conseguido, seguimos prácticamente con la misma educación, salud, previsión, sistema político y constitución, que teníamos antes y por obra y gracia de los “grandes consensos” las pequeñas reformas han estado constreñidas a acciones no tan distintas a las que ellos mismos anhelarían. Me parece entonces realmente insólito que hablen de un cambio, que digan que ellos quieren un país distinto o que van a hacer algo diferente a los que han venido haciendo durante todos estos años aunque no hayan tenido el gobierno. 

En todo el mundo se habla del fracaso del neoliberalismo, la profunda crisis mundial dejó muy en claro que las economías no podían ser regidas por banqueros. Los discursos liberales han quedado relegados en casi toda Latinoamérica, nuestros países vecinos impulsan asambleas constituyentes, nacionalizan sus recursos naturales, reforman los sistemas de salud para que sean gratuitos, y mantienen sistemas educacionales gratuitos. Cambios profundos y necesarios que mucha falta harían en Chile, pero que brillan por su ausencia dentro de las “novedosas” propuesta nacionales. Quienes aquí hablan de cambio solo mencionan reformas de nombre pero no tocan en lo más mínimo ninguno de los pilares que sostienen el sistema que ellos mismos han instaurado y profundizado. 

Necesitamos un país que sea dueño de sus recursos, que no tenga exclusión sociales ni política, que tenga una educación pública de calidad, que ofrezca condiciones laborales dignas, que tenga una salud accesible y una sociedad equitativa. Para lograrlo necesitamos cambios en la legislación y las políticas públicas, pero no el mismo gatopardismo que hemos tenido que asumir hasta ahora. Yo me anoto con quien esté dispuesto a impulsar esos cambios, para empezar el más mínimo de ellos. Latinoamérica vibra con ideas nuevas y sería lamentable que nosotros en Chile nos dejáramos llevar por los slogan y confiáramos en un cambio estéril que nos va a devolver 20 atrás en nuestra historia. 

1 comentarios:

chiuly dijo...

mucha razon en pocas palabras, esperemos que la unica forma de vencer este sistema sea por la vía del trabajo incansable como el que se ha hecho durante los 20 años que tanto reclama la oposición,un estado herido no se sana de la noche a la mañana.