viernes 17 de junio de 2011

El movimiento de hoy y los errores de ayer.

Los 100.000 manifestantes logrados por la convocatoria de la CONFECH, junto a profesores, académicos, secundarios y universitarios de privadas, debe ser evaluado sin dudas como un éxito en términos de convocatoria, pero esto no ha garantizado aún el éxito del movimiento. La masividad no es un fin en sí mismo, sino solo un instrumento de presión, y mucho menos garantía a largo plazo de mayor participación. ¿Cómo ganamos? 

Por muy grande que sea un movimiento, si en los hechos este fracasa en alcanzar sus objetivos, y termina cayendo por su propio peso presa del desgaste, se corre el riesgo de generar una gravísima resaca, que en lugar de participación, termina profundizando la apatía, acentuada por la frustración. Movilizarse y fracasar, es casi más desastroso que no movilizarse, y cargamos con una historia de movimientos que reiteradamente han sido víctimas de similares errores, a veces sin que queramos reconocerlo.

Un ejemplo clásico fue el mayo francés del 68, cuando al grito de “la imaginación al poder” millones entre estudiantes y obreros paralizaron un país completo en las narices de Charles de Gaulle, un presidente tan conservador como el que tenemos en Chile, pero mucho más hábil, ya que supo sacarse los pillos llamando a elecciones anticipadas. Y frente a las narices de los estudiantes, su partido arrasó, quedándose con la mayoría de los escaños, mientras el movimiento se apagaba de a poco en las mismas calles que había repletado. Hay mucho para leer sobre lo que inspiró y significo en cuanto a participación e idealismo este movimiento, pero poco o nada se menciona de las ganadas que consiguió, obviamente no fueron muchas. 

En Chile tuvimos nuestro propio mayo con la revolución pingüina. Nos dejó a todos orgullosos de contribuir al enorme remesón social, ¿pero que podemos decir en cuanto a resultados reales? Nos dolió el espaldarazo de la Concertación que defendió el modelo de mercado y traicionó el movimiento, pero algo de responsabilidad nos cabe a todos, de no haber sabido direccionar estratégicamente nuestra fuerza hacia avances concretos.

Mucho se critica a veces las negociaciones y acuerdos con autoridades que se han sostenido desde la CONFECH, presentándose como los mecanismos erróneos. Pero creo que vale la pena despejar cuanto hay  real u obtuso en éstos análisis llenos de lugares comunes. 

A través de acuerdos y mesas de trabajo se obtuvo el 2005 la Beca Bicentenario y la Beca de Excelencia Académica, en un contexto que no fue del todo favorable, porque también de esa época fue la aprobación del Crédito con Aval del Estado, pero mi punto es destacar que gracias a esas becas luego el 2006 el CONFECH y el CRUCH acordaron la creación de los cupos supernumerarios, aplicando el ranking dentro del colegio (y no solo la PSU) como mecanismo de selección para el ingreso, y justamente esos acuerdos permiten hoy día plantear que entren a la U estudiantes de colegios vulnerables, porque con ellos se les asegura que puedan pagar sus estudios. También posibilitó, que el 2010 la FECh acordara con Rectoría la creación de Beca de Equidad, que hoy día otorgan la gratuidad a todos los estudiantes de los dos primeros quintiles. Similares avances han sido algunos acuerdos del transporte y otros beneficios estudiantiles, ninguno de los cuales ha surgido ni se ha mantenido solo por buena voluntad del gobierno, sino por la presión, el dialogo y la negociación contante de nuestras organizaciones. ¿Ha habido algún avance real mediante mecanismos distintos?

Hoy día podemos conseguir avances estratégicos y creo que es fundamental que lo hagamos, ya que negándonos a todo si no satisface nuestros máximos, puede llevarnos a finalmente no conseguir nada. A algunos esto pareciera no importarles, viendo en ello la posibilidad de acumular más rabia el próximo año, hacer fracasar a los dirigentes actuales cuando no son de su agrado, o agudizar las contradicciones para precipitar un estallido social que los beneficie a futuro. Pero la experiencia indica que movimientos frustrados no acumulan fuerza sino que la debilitan y cuesta cada vez mas sacar a la calle a quienes ya lo entregaron todo el año anterior y nunca vieron el fruto.

Hemos generado una fuerza tal que nos permite golpear cualquier mesa si nos atrevemos a sentarnos en ella y tenemos propuestas en las que nos sería extraordinariamente estratégico avanzar cuanto antes, al calor de la movilización que es cuando adquieren más peso.  La eliminación del Lucro, un aumento del financiamiento basal para las Universidades del Estado, así como una democratización efectiva, la restructuración del crédito con gratuidad para los primeros quintiles y la modificación de los mecanismos de acceso, son viables ahora si direccionamos bien la fuerza que tenemos. Esto no significa que nos quedemos ahí, ni que nos conformemos con esto, sino que aprovechemos bien los tiempos políticos, coronemos con un éxito parcial el esfuerzo generado hasta ahora, antes de que empiece a decaer y aprovechemos el poderoso incentivo de la victoria inicial  para demostrar por la vía de los hechos que la movilización es efectiva, que los cambios son posibles y que el sacrificio no se hace en vano. Si nos desgastamos antes de asegurar algunos mínimos, las posibilidades de triunfar partiendo de cero el próximo año se ponen en nuestra contra. Eso debiera preocuparnos. 

Si conseguidos estos puntos y la fuerza del movimiento va en aumento, podemos profundizarlos, y apostar a mas en dirección a la educación gratuita, extendiendo los beneficios a los quintiles subsiguientes o presionando para que aumenten los montos de los aportes basales. La transformación de leyes, y la discusión de presupuesto son contextos políticos idóneos para hacerlo en tiempos diferidos y partiendo desde esta base. ¿O acaso creen que esto se va a resolver en un par de semanas? Si realmente nos proponemos recuperar la educación gratuita, seguramente tendremos que pasar por mecanismos intermedios, o aportar a conquistar el poder político.

Pero el tema es como triunfar ahora. Podemos tomar la iniciativa proponiendo una mesa de trabajo con el rayado de cancha a nuestro favor y manteniendo la presión de la movilización mientras esta trabaja en un plazo acotado. Hacer el llamado a constituir este espacio junto a una propuesta de composición que nos dé garantías, y un función de los temas que hemos estado exigiendo, deja la pelota en la cancha del gobierno y hace que la movilización tenga un objetivo específico de corto plazo. Objetivos de mediano y largo plazo son: hacer los avances permanentes y profundizar en ellos. 

Si nos mantenemos en alza podemos responder con más presión frente a cualquier negativa. Es clave para exigir que tengamos capacidad de respuesta. Estando desgastados solo nos resta esperar a que todo comience de nuevo el año siguiente o el segundo semestre, cuando los niveles de participación jamás han sido suficientes. Negarnos a los avances concretos y los espacios de trabajo por querer todo o nada no nos da garantía de éxito. ¿Estamos dispuestos correr ese riesgo y farrearnos este extraordinario proceso?  

Los errores que debiésemos evitar si de algo nos sirven los cabezazos pasados, son que: pedir y pedir sin sentarnos a concretizar nos deja sin nada, entablar mesas de diálogo sin movilización es un trabajo estéril, y negarnos a ampliar el marco de alianza, sobre todo si seguimos viendo a todos los que no piensan exactamente como nosotros, o a los que han estado antes en veredas opuestas,  como clásicos adversarios, le quita viabilidad a lo que pidamos. Negarnos a negociar por principio cuando la negociación nos puede ser favorable, o tildar avances estratégicos como migajas porque queremos todo ahora, nos cierra más puertas que lo que nos abre oportunidades. Este movimiento puede ganar y entrar en la historia sin quedar en la lista de los que pese a su fuerza inicial, terminada la efervescencia, se fueron para la casa con las manos vacías.  Permitámonos usar la estrategia de una vez por todas y miremos la movilización con perspectiva de largo plazo. Hoy como nunca la sociedad está con nosotros y el futuro de Chile recae en nuestras manos.

1 comentarios:

Daltonico dijo...

a proposito de la educación y de Lavín...


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