Ojos en todo el mundo siguen con interés el proceso social que se está construyendo en Chile. Mas de cuatro meses de un movimiento que apuesta a continuar ya son en sí mismo razones para concluir que algo “distinto” está pasando. Hasta el año pasado parecía que el movimiento estudiantil tenía un techo claro que no se podía superar. Al modelo pinochetista solo se le habían podido arrancar reformas parciales y los intentos de derribarlo no tuvieron la envergadura actual por diversas razones.
Este movimiento recoge el aprendizaje de otros procesos logrando conjugar mecanismos de participación en base a asambleas con una estructuración a través de organizaciones representativas con capacidad de acumulación. Eso lo ha dotado de una dirección política, donde influyen distintas visiones para elaborar y planificar en lo táctico y estratégico, pero a la vez de un funcionamiento profundamente democrático que le da sentido de pertenencia a todos sus miembros. Ha sabido sortear las zancadillas de intentos de criminalización, ataques al carácter de militantes de dirigentes, acusaciones de polítización y sobreideologización entre otros, reivindicando con éxito su carácter político y social.
Ratificada la capacidad de convocatoria una y otra vez, la convicción de quienes participamos permite proyectar una contienda que será extensa, y que tiene el potencial de superar el carácter fluctuante y episódico que otras veces nos ha desmovilizado. Las demandas de fin al endeudamiento de los estudiantes, fin al autofinanciamiento de las instituciones públicas, una mayor injerencia del Estado y a la larga una educación gratuita se han enquistado profundamente en la mente de los ciudadanos, que ya no están dispuestos a renunciar a ellas pese a los altos costos que signifique pelearlas. Pero hay un elemento fundamental que cada día se hace mas visible y es la necesidad de trascender lo meramente estudiantil para poder avanzar, no basta salir a las calles ni acumular en abstracto respaldo social, sino que debemos actuar políticamente en la lógica de disputar el poder, despojando de él a los sectores mas reaccionarios y ejerciéndolo desde una ferrea articulación multisectorial.
Los estudiantes se están jugando una carta potente al coordinar la vuelta a clases asegurando la posibilidad de continuar informados, discutiendo y actuando en función de la contingencia, con horarios protegidos para esto y total apoyo de la mayoría de los otros estamentos. Hay al menos cuatro aspectos estratégicos a considerar a la hora de proyectar el contenido del cual habrá que dotar esos espacios para poder continuar avanzando.
Primero al necesidad de una articulación multisectorial que ya es incipiente, que se puede dar o no a nivel territorial, pero que debe asegurar la capacidad de convocatoria constante a aciones de movilizacion, desobediencia pacífica, discución y elaboración de propuestas y eventualmente paralización de sectores productivos. Las demandas estudiantiles se alinean con todas aquellas que buscan la recuperación de derechos, el rechazo al lucro, la apropiación y la usura, y se necesita una amplia base social para elaborar y actuar en concordancia con ellas de cara a todos los hitos políticos donde podamos ejercer presión: instancias de participación comunales, llamados a movilización, articulación en redes, disputa de organizaciones sociales y procesos electorales. Debemos retomar la estrategia de llegara a los trabajadores mas allá de la CUT.
En segundo lugar está la necesidad de apoyar el proceso de diálogo frente a una eventual mesa con el gobierno, no por expectativas auspiciosas en torno a su resultado, sino por la oportunidad que ofrece para llevar a la sociedad a un reflexión en base a los hechos, en torno a las limitaciones de la institucionalidad. Con el actual sistema político y “democrático” es imposible aspirar a reformas de fondo, y así como debemos demostrar buena voluntad hacia el diálogo tenemos también que evidenciar cuales son los intereses que se ven sobrerrepresentado en los espacios políticos formales bloqueando las demandas de las mayorías sociales, para que sea evidente para sectores mas amplios de la sociedad la necesidad de avanzar en plebiscitos vinculantes, una reforma al binominal, la inscripción automática y la asamblea constituyente. Este es el carácter que le da sentido a la mesa y la estrategia que debemos agotar, la tozudez del gobierno, que no querrá ceder a las demandas de fondo como lo ha demostrado respecto a las garantías, hará evidente su ineficacia.
Como tercer punto está la posibilidad de ejercer presión en torno a la discusión del presupuesto de la nación. El gobierno ha hecho muchas promesas que seguramente le vamos a cobrar, entre ellas el aumento de los aportes basales de las instituciones del Estado, lo que debería reflejarse en partidas de presupuesto. Habiéndose plantado un supuesto acuerdo varios puntos, su no consideración solo podría aumentar el descrédito de un gobierno que ya se encuentra excesivamente aislado y cuestionado. Los acuerdos que se nos quiere arrancar a través de la mesa, para validar la salida política del gobierno, son exigibles en torno al presupuesto sin la necesidad de esta.
Por último el avance privatizador en otros rubros como el de la salud, ha generado un estado de alerta muy contrario a los intereses del gobierno, que en lugar de dividir a la sociedad está propiciando la alianza entre organizaciones y gremios, con el objetivo de ejercer resistencia y generar contrapropuestas. Hay aquí también un germen incipiente de articulación social que mantendrá copados los espacios de participación que se proyectan con el cambio en la estrategia de movilización.
El camino fértil para que la profundización de la reflexión política fomentada por meses de discusión rinda frutos inusitados. Un movimiento social que resiste, crece y avanza no tiene otro camino que tomarse en serio las transformaciones de fondo. En Chile se ha tomado conciencia de la caducidad de un modelo autoritario justificado en promesas incumplidas y se ha formado una generación de dirigentes que no va a claudicar, ni traicionar el mandato de una base activa y despierta. Hemos aprendido la esterilidad de los discursos moralizantes que muestran como logros las propuestas vacías, que llaman a confiar si garantías, que se nutren de ideas preconcebidas, o que se llenan de palabrerías abstractas y no cometeremos nuevamente los errores del pasado. Iniciamos una etapa de acumulación y articulación que busca correr los limites de lo posible y convertiremos cada error en un nuevo aprendizaje de este largo bagaje social que nos ha dado la capacidad de construir en las circunstancias mas adversas este gran movimiento social que le empieza a dar lecciones al mundo.
1 comentarios:
Parabéns pelo excelente texto.
Aqui no Brasil acompanhamos com atenção eentusiasmo o movimento estudantil chileno, que já se transformou num movimento popular amplo.
Estou certa que a batalha é, principalmente,de idéias e vejo que vocês estão teoricamente preparados para vencê-la.
Pátria, Socialismo e Vida!
Venceremos!
Mariana
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